Nadie abandona por no tener ruedas de carbono. Se abandona por una cadena sin lubricar y un freno que cedió en la tercera bajada.
Antes de una subida larga conviene revisar tres cosas, porque son las que fallan: transmisión, frenos y presión de neumáticos. Las tres llevan diez minutos, y las tres son la razón por la que hay gente empujando la bici cuesta abajo.
Transmisión: la cadena es un consumible
Una cadena gastada se come el casete y salta justo cuando te levantas del sillín. Un medidor de desgaste cuesta lo que un café y salva un casete que cuesta diez veces más. La regla es simple: la cadena se cambia cuando el medidor marca 0,5 mm, no cuando empieza a saltar.
Se lubrica una cadena limpia, no por encima del polvo. El aceite sobre barro forma una pasta que desgasta los dientes más rápido que una cadena seca. Lubricante seco para el verano seco, húmedo para el otoño y el barro, y el exceso siempre se limpia, porque el aceite por fuera de la cadena solo recoge suciedad.
El cambio no se ajusta el día de la carrera. Si salta, se ajusta una semana antes y luego se sale una vez para ver si aguanta. Un cable se estira durante las primeras salidas tras el cambio: es normal, y por eso mismo no se toca la víspera.
Frenos: unas pastillas contaminadas no frenan, calientan
El error más común es dejar las pastillas hasta oír metal. Para entonces el disco ya está rayado y se va con ellas. El grosor se mira a ojo por la apertura de la pinza: por debajo de un milímetro y medio, se cambian.
La contaminación es otro asunto. Una gota de aceite de cadena, un espray de limpieza, incluso un dedo en el disco, y el freno deja de funcionar bien. Se reconoce por el sonido: chirrido y poca potencia. La solución son pastillas nuevas y disco lavado con alcohol; lijar una pastilla contaminada es tiempo perdido.
En una bajada larga un freno sobrecalentado no falla de golpe sino poco a poco: la maneta va cada vez más al fondo. La técnica que lo evita es frenar fuerte y corto y soltar, en lugar de arrastrar la maneta toda la bajada. Un freno que se suelta es un freno que se enfría.

Neumáticos y presión: el número del flanco no es una recomendación
La presión no se ajusta según el número del neumático sino según el terreno y el peso del ciclista. El número del flanco es el límite superior que aguanta la carcasa, no el valor con el que mejor se rueda.
Menos presión da agarre en roca y raíces, pero aumenta el riesgo de pinchazo por pellizco y de que el neumático se doble en una curva cerrada. El tubeless con líquido sellante resuelve la mayor parte de ese compromiso: funciona a una presión bastante menor y sella solo los pinchazos pequeños.
El sellante se seca. En un neumático parado seis meses no queda más que una bola de goma. Se rellena dos veces al año: cinco minutos de trabajo que ahorran dos horas de caminata.
Desarrollo y ritmo
Una subida no se gana con fuerza sino con ritmo. Es mejor poner un desarrollo más suave diez metros antes de necesitarlo que cambiar bajo carga y tirar la cadena en el peor sitio.
Una cadencia de unos 70 a 90 en subida carga menos el músculo y más el corazón, y el corazón se recupera antes. Quien machaca a 50 llega arriba con las piernas terminadas para ese día, y en una carrera por equipos eso significa que la etapa siguiente también está en problemas.
Sentado o de pie es cuestión de terreno, no de estilo. Sentado es más eficiente y conserva el agarre de la rueda trasera; de pie se usa poco, para rampas súbitas y para cambiar los músculos que trabajan. Quien sube toda la cuesta de pie gasta hasta un veinte por ciento más.

La pequeñez que salva una carrera
Una patilla de cambio de repuesto. Cuesta poco, cabe en el bolsillo, y sin ella la salida se acaba: la patilla está hecha a propósito para romperse antes de que se dañe el cuadro, y justo por eso se rompe. Cada cuadro tiene su forma, así que se lleva la propia.
Con ella, el mínimo: multiherramienta con tronchacadenas, dos parches, bomba o cartucho, un eslabón rápido del ancho correcto y cinta. Todo junto pesa menos de medio kilo y cubre el noventa por ciento de lo que se puede reparar en el campo.
Lo que no cabe en la bolsa es la revisión antes de salir. Ruedas apretadas, tija fijada, manillar que no se mueve, frenos que muerden, neumático que no pierde. Veinte segundos, cada vez.



