
La cuna del parapente serbio está en las laderas de Stolovi
Antes de que volar fuera un deporte con licencias y competiciones, era un puñado de personas subiendo tela a un cerro, confiando en que el aire las sostuviera.
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Fotografías e imágenes de competiciones en las que han participado los fundadores y atletas de esta carrera.

Antes de que volar fuera un deporte con licencias y competiciones, era un puñado de personas subiendo tela a un cerro, confiando en que el aire las sostuviera.

Los ríos demasiado tranquilos no enseñan nada. Los ríos demasiado fuertes no dan una segunda oportunidad. El Ibar está entre ambos, y por eso de Kraljevo salen palistas.

Nadie abandona por no tener ruedas de carbono. Se abandona por una cadena sin lubricar y un freno que cedió en la tercera bajada.

Hay terrenos que se venden con un mirador. El Meljanica no se vende con nada: simplemente hace lo que un buen sendero debe hacer.

De una ciudad se suele recordar la montaña que la domina. A Kraljevo se la podría recordar con la misma justicia por los tres ríos que la forman.

Una montaña en la que se vuela bien no es una montaña que perdone. Stolovi ofrece condiciones, pero exige que se lean antes de abrir la vela.

En algunas ciudades el río es decorado. En Kraljevo el río es la razón por la que la gente sale de casa.

Hay en toda subida un momento en que uno empieza a reconsiderar todas sus decisiones vitales. En Stolovi ese momento llega pronto y se queda.

Un desfiladero es el lugar donde el río y la montaña trabajan uno contra el otro, y el sendero pasa justo entre ambos.

El deporte de agua no vive del talento sino de las horas de piscina. Donde hay horas, hay resultados.

Toda escena empieza con unas pocas personas dispuestas a parecer ridículas mientras suben equipo por un cerro. En Kraljevo no fue distinto.

La mayor parte de los problemas en un río no son los rápidos. Son las cosas que no se ven desde la orilla.

Va por la cresta, lleva media hora solo, y tras una curva hay una manada que le mira como si el invitado fuera usted. Lo es.

La subida parte el pelotón, pero la cresta marca la diferencia. Ahí se ve quién llegó fresco y quién lo gastó todo abajo en el valle.

Nadar en río no tiene nada que ver con nadar en piscina. No hay pared para impulsarse, no hay línea que guíe, y el agua va a lo suyo sin tenerte en cuenta.